Publicado el: Vie, Mar 15th, 2019

AL ESTILO MADERO

Ya es un  hecho que el nombre del Presidente Andrés Manuel López Obrador aparecerá en  la boleta electoral del 2021, con el pretexto de someterse  a una consulta sobre revocación de su mandato.

Es una consulta que, a dos años de distancia, solo inspira confianza a sus seguidores, que son  bastantes, es cierto, pero en cambio provoca desprecio en quienes hemos visto las encuestas patito que se han hecho en los meses anteriores.

Con el antecedente de  esas encuestas patito, igual y resulta que las casillas se encuentran solas, pero por arte de magia participa el 125 por ciento del padrón, todos  ratificado a AMLO.

Imposible, que los votantes decidan jubilar a AMLO. ¿Cómo podría pasar eso, controlando el gobierno la encuesta?

Pero además, si se le destituyera, se generaría un vacío de poder hasta en tanto se convoque a nuevas elecciones. Y el país no está para esa clase de  situaciones.

Esto de la   revocación   es una gran tontería, con el agregado de que bien puede ser la antesala para     que una vez aprobada, se  modifique la Constitución para  autorizar la reelección del Presidente.

Es cierto que el próximo lunes,  AMLO anuncia que firmara un documento donde se compromete a no buscar la reelección. Es un  acto innecesario y mediático, puesto que está prohibido en la Constitución. Es decir, el Presidente se compromete a acatar la ley. ¡Qué chulada!

Los últimos Presidentes que se reeligieron en México, Porfirio Díaz y Alvaro Obregón, en su primer período enarbolaron la bandera de la no reelección.

Díaz logró  reelegirse en seis ocasiones y Obregón una, pero no lo dejaron  tomar posesión para su segundo período, pues un fanático religioso le segó la vida. Eliminado Obregón,  Plutarco Elías Calles  desmanteló al obregonismo y meses después, nadie se acordaba de ese hombre  inteligente, audaz y ocurrente  que uso el poder para enriquecerse.

Díaz le dio estabilidad al país en sus 30 años en  el poder, pero a cambio de una masa empobrecida para la cual no había derechos, solo obligaciones.

La generosidad con que el Presidente entrega apoyos sociales a los viejitos, a los ninis, madres solteras, estudiantes, etc., lo hace popular ante las clases populares. Mejor haría en generar una nueva política social, en el que se tenga acceso a empleos mejor remunerados con los que las familias no tengan que recurrir a la caridad; con becas escolares de verdad, que permitan a los jóvenes talentos terminar su preparación en las mejores universidades de Europa o Estados Unidos;  con una  nueva política que permita que cualquier persona, sin importar su edad, sea útil, no como ahora que después de los 35 años empiezan a tener dificultades para contratarse.

Este país tiene que crecer y mejorar, pero no con una política de dádivas clientelares,  sino con una política de desarrollo económico real. Para ello el país necesita crecer mucho más que ese 1.6 por ciento que va a crecer este año, muy distante del 5 por ciento que se nos ofreció en campaña.

López Obrador   debiera dejar de ser candidato y actuar como Presidente. Y no como una copia de Nicolás Maduro, sino  como un demócrata al estilo Francisco I. Madero. Total, es uno de sus iconos.